Mi cabello - Lili Vargas
Contaba mi
madre, que había nacido con poco cabellito en mi cabeza y además pelirrojo, por
ello, menos se veía.
Cuando cumplí
un año y no pudo hacerme ningún peinado, ella decidió solucionar el problema y me
peló a rape, esto es, me rasuraron la cabecita y todos los días,
religiosamente, me ponía jitomate en la cabeza, porque éste era bueno para que
crecierá y se engrosará el cabello.
Así, recibí mi
dotación de jitomate todos los días, durante años, debo decir que mi cabello creció
sano, abundante y grueso, pero a mi madre le ganó el entusiasmo y sólo me lo
cortó un poco, al llegar a las rodillas.
Ella estaba
muy satisfecha, una vez que logró que creciera mi cabello podría peinarme como
quisiera, pero esto ofreció un reto más, todas las mañanas para ir a la escuela
había que peinarlo y entonces aparecieron en mi mundo, las trenzas.
Debo reconocer
que eran cómodas para mi mamá y para mi, pero mi cabello no estaba de acuerdo.
En los años
60’s no existían tantos artefactos para mantener en su lugar el cabello, por tanto,
para que no se me maltratara, me ponían listones, los cuales permanecían en mi
cabeza, como unos quince minutos después de entrar a la escuela.
Mi madre ideó
mil formas para que los listones permanecieran en las trenzas, todas
fracasaron, así que ella se resignó y cumplía con que yo llegará peinada a la
escuela y al recogerme, recibir dos listones y una niña despeinada, con el
cabello suelto, libre, muy libre, pero muy enredado.
Debo aclarar
que mi cabello era libre de la nuca hacía abajo, debido a que de la nuca para
arriba permanecía pegado, por su gran amigo, el jitomate.
Como fueron
avanzando los artilugios para detener el cabello, mi madre descubrió las
bolitas, una suerte de resorte con dos cuentas que se entrelazaban en el
cabello para detenerlo, quiero decir que esto le permitió idear otros peinados,
como los cacahuates que eran trenzas enrolladas en lo alto de la cabeza.
Las
bolitas, lograron detener mi cabello un poco más que sus amigos
los listones, pero a la fecha a mi cabello, no hay nada que lo detenga, ni
peinetas, ni pasadores, ni broches, por eso mi madre me decía cabello de
mantequilla.
Creo que mi
cabello me marcó el rumbo desde que nací. Por más obstáculos que haya en tu
camino para ser libre, siempre se podrán quitar con voluntad, con trabajo o con
mantequilla.










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