Me gusta, no me gusta - Marichoni
Gusto, disgusto,
a gusto, con gusto,
qué
gusto, mucho gusto.
El origen del mundo a partir de una mujer, mi madre, eso es lo que me permitió ver la luz, y una vez que la constaté, comencé a descubrir lo que me gusta:
Mis hijos y mis
nietos son lo que más me gusta de todo lo que existe en el mundo, el jugo de
cuatro frutas que tomo cada mañana, la entrada del sol por mi ventana
invitándome a la actividad, la sonoridad de los relojes a destiempo sólo por
sonar, las películas románticas en las que sucede lo que casi nunca ocurre en
la realidad, la llegada de los viajes al destino y pasear por tierras
desconocidas que se vuelven conocidas, las quesadillas de rajas y flor de
calabaza y el color verde claro de limón.
El helado de
fresa elaborado por mí, los recuerdos de mi infancia y mis padres, abuelos y
hermanos que la propiciaron, las comidas con mi hermana, en su casa, los
domingos.
El 2º. Concierto de
Rachmaninoff y el Himno a la Libertad del Nabuco de Verdi.
Jugar a la
Viuda con mis nietos o con mis amigas, la reunión con ellas, en las que reímos
por pura insignificancia, la alegría de saber que mis alumnos aprendieron a
amar las matemáticas a través de mi ayuda para comprenderlas, me encantan las
flores y ver pasar el año a partir de la variedad de su floración: nochebuenas,
agapandos, bugambilias y rosas de colores, girasoles y cempasuchil.
Me gusta saber que soy importante para algunos y que a
alguien le guste lo que escribo, la Navidad y sus múltiples adornos, las
fiestas sin sentido como celebrar los cien años que hubieran cumplido mi padre
y mi madre en sus respectivas fechas y, lógicamente ya, sin su presencia.
Las antigüedades porque atrapan el tiempo y fueron hechas
para permanecer, mi coche y mi casa porque me dan seguridad e independencia,
los castillos europeos o árabes y los paseos por la naturaleza, las canciones
españolas y mexicanas de los años cincuentas.
Me gusta mi cumpleaños y los regalos que me da y me hacen sentirme amada, el apodo de ABI que me han puesto mis nietos, el sonido del teléfono con el mensaje de: aquí estoy, los zapatos cómodos y los elegantes y quién sabe cuántas cosas más.
Al caer la
tarde y empezar a ocultarse el sol, me gusta estar en casa, porque no me gusta
la oscuridad, no me gusta que me olviden, no me gusta el tiempo que dura el
viaje en avión porque siento miedo y no lo confieso, además no me gusta la
comida que allí me dan, no me gusta el ajo ni la cebolla, porque, como sugiere
el Quijote a Sancho, no salga por el olor mi villanería.
No me gusta pensar
que puedo perder facultades y hacerme dependiente, a veces no me gusta, el
efecto de mi impulsividad, ni constatar la injusticia y la deshonestidad, no me
gustan las curvas porque me mareo, no me gustan los gobiernos mentirosos, no me
gusta vestirme de negro, no me gusta manejar con lluvia, ni que se menosprecie
a México, no me gusta que se abuse del poder.
No me gusta que no haya educación para todos, no me gustan
los maestros flojos, ni las escuelas tristes. Y quién sabe cuántas cosas más.
Pero dentro de esta oscuridad siempre espero la luz de la esperanza y la
confianza para cambiar algo de lo que no me gusta y que me empiece a
gustar.











Comentarios
Publicar un comentario