Mis goces - Marichoni

 


Necesitamos tan poquito para ser felices

El problema es que necesitamos

Mucha experiencia para comprenderlo.

De los Sabios Viejos

¿Qué de lo que vivo se convierte en gozo?

¿Cuánto puedo hacer coincidir la palabra gozar con la palabra felicidad?

¿Cuánto puedo significarlas como sinónimos?

Me parece que ambas me llevan a estados temporales que tienen principio y fin.

Una vez aclarado este punto, puedo empezar a definir mis goces:

Mi familia, principalmente mis hijos y mis nietos, ampliando esto a mis hermanos y a mis casi hermanos y mis casi hijos, sus hijos.

Definitivamente, si ellos están bien, yo también lo estoy. Es una liga indestructible.

Mi trabajo, ¡cuánta creatividad logro desarrollar y cuántas evidencias obtengo!

Mis amigos, ¡cuánta presencia y vivencias puedo constatar!

Mis aficiones y yo, ¡qué ratos podemos intercambiar!

Ampliando por orden:

De mi familia gozo sus logros, los hago un poco míos y me siento, en cierta forma protagonista, los disfruto y reconozco su impacto en mi ánimo y, cuando esto es a la inversa, el desconcierto me lleva a perder la llave del gozo.

Somos muchos y mantener la armonía en alto es difícil, por ello mis goces se dan por altibajos. Imagino que así le sucede a cualquier persona.

Estar acompañada por mis hijos, por alguno o algunos de ellos, reconstruye mi historia, me recrea el tiempo, me veo con las distintas facetas que cada uno ha ido tallando en mi ser y veo mi propia luz romperse en cada tallado, que por tener distinto origen, proyecta los colores de diferente manera.

No soy muchas, soy yo con la faceta que cada uno ha logrado hacer resaltar y que se multiplica con la talla que va haciendo cada uno de sus hijos.

Verlo así resulta un gozo.  Y como ejemplo tengo la reunión que hacemos cada dos años para celebrar las fiestas navideñas. Cuando observo a los primos encontrarse como si no hubiera habido distancia ni tiempo, compartiendo comida y alegría, tengo gran gozo y esos días se convierten en inolvidables. Eso mismo ocurre con mis hermanos.

Al realizar mi trabajo, me doy cuenta que la creatividad entra en movimiento y puedo construir pequeños modelos originales y atractivos para que los niños trabajen. Primero los veo escritos y después realizados, y me siento gozosa. Así resultó con la muestra cultural México, Poesía y Canciones, en la que pude entretejer fragmentos de poemas, corridos, canciones y decires de nuestra tradición, lo que puso en contacto a los niños con su identidad nacional. Verlo resultó un gozo que se repite cuando lo recuerdo, y así, se reta nuevamente mi creatividad.



Los momentos que paso con las amigas, la diversión y los comentarios que surgen cuando estamos juntas, el placer de sentarme a su engalanada mesa, me ofrece un gran gozo porque me siento no solo invitada sino apreciada y festejada. No se diga el goce que representa su llegada a mi casa cuando culmina el tiempo de los preparativos: ¿qué hago especia para agradarlas? ¿cómo las recibo para que se sientan bienvenidas y quieran regresar? Desde pensarlo hasta realizarlo, siempre ha sido un gozo.

 Mis aficiones, mis recuerdos y mis experiencias, en un diálogo a solas, me hace gozar la vida, lecturas, colecciones, ilustraciones, son parte de mis goces porque me hablan y les respondo.


La buena administración del dinero y cuando alcanza, es un gran gozo.

¿Y los viajes? Contemplar otros lugares, constatar lo semejante y lo diferente y observar el paso de los tiempos, amplía mi mirada y la conciencia y descubro la tolerancia.



La soledad también tiene su dosis de gozo: ver salir el sol y asomarse entre los volcanes al clarear el día, escuchar la lluvia a resguardo en mi casa, ver el mar de cerca pero no tan cerca para que no se convierta en temor, pasar por un puesto de frutas o de flores y más si me llevo algo para casa, y no sé cuántas cosas más me proporcionan un gozo. La lista podría ampliarse de manera interminable.

Por ello, gracias por invitarme a contar lo que me hace gozar la vida, a reflexionar para comprender que tengo mucho más que lo que no tengo, a darme cuenta que la salud de la cual gozo, me da una oportunidad cada día, hasta que Dios quiera, y cuando llegue el final y pueda comprobar lo que espero, será un gozo eterno. De no ser así, no me preocupo porque no me voy a enterar.


 Así puedo concluir que mis goces son:

Mis hijos y su bienestar.

Mis nietos y su alegría.

Mis hermanos y su complicidad.

Mis amigos y su respaldo vital.

Mi trabajo y la creatividad, la construcción y mi aportación.

Mis objetos como medios de comunicación.

Mis sentidos para apreciar:

La vista para acrecentar.

El oído para regalarme el contacto.

El olfato para diferenciar.

El gusto para disfrutar.

El tacto para expresar y

Dios para agradecer.

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