ODA A UNA TROMPETA - Nathán Grinberg-Zylberbaum
Hay un hombre
que viene a diario,
Un hombre pegado
a una trompeta
mágica;
Que toca una música celestial.
Siempre
la misma pieza;
No sé qué tema es
pero ya la conozco
de tanto escucharla.
Pero esa pieza
en especial
y ninguna otra
toca
mis fibras
más profundas,
más primigenias,
más antiguas.
Se me salen las lágrimas
de escuchar
a este pobre hombre,
el cual saca milagros de sus labios,
de sus pulmones.
Señor de la trompeta, no se vaya,
continúe tocando
esa precisa canción que yo escucho estremecido,
con el estómago revuelto
y me remite
a lo más hondo
de mi mismo,
no sé por qué.
Este hombre,
el hombre trompeta
es un hombre humilde, lo digo por su ropa,
su humilde ropaje, roído,
su sombrero de paja semiroto;
unos guaraches que tratan de ocultar unos pies cansados con dedos descuidados.
Cuando viene dan ganas de abrazarlo, decirle que amo su música, sus melodías,
sus armonías.
Que por todo esto lo amo también a él.
Que venga más seguido, que no se le olvide pasar a reconfortar mi corazón.
Quisiera en este momento sacar de mis cuerdas vocales
la melodía para que
el lector se dé cuenta de lo hermosa y potente que es.
La sutileza que la distingue;
nada ilustrativa,
la más simple
y por eso mismo
dulce y perfecta.
Silencio mientras
yo tarareo esta canción.
Voy a entonarla
ahora mismo:
..,........
Qué bien me ha hecho
este momento.
He sido feliz por un instante.
Y cuando veo
a este grandioso hombre surgen
tantas preguntas:
De dónde viene?
Dónde aprendió a tocar?
Tiene familia?
Vive aquí su familia?Vino solo
de su pueblo?
Tiene recursos para comer?
Adónde vive?
Vive solo?
Tiene compañeros? Amigos?
Toma para olvidar
sus penas?
Tiene penas?
Cuántas horas camina al día?
Cuántas veces toca
esta exquisita
y al mismo tiempo humilde canción
en una jornada? Cómo se llama?
Tiene un nombre antiguo
como el que tenía mi nana?
Petra Xelhuantzi Cuateconzi?
o habrá hecho
como mi nana,
que por la vergüenza de esos apedillos magníficos
se cambio de Xelhuantzi a
Cervantes, (Qué sacrilegio).
Y si fuera alguien
que no necesita trabajar
y le basta con tocar
su trompeta por gusto y eso lo hace libre?
Eso, ser feliz
es lo que le deseo
a este hombre moreno, de ojos grandes, negros, como el negro de una noche en el desierto.
· Para obtener respuestas
· tendría que sentarme con él
· e interrogarlo
· pero me paralizo
· sólo de pensarlo;
· me abochornaría
· ante tal figura gigantesca:
· una gran Clave de Sol, tan grande como el sol
· o es el sol
· el que le da vida, el que lo empuja a seguir adelante.
·
· Me propongo,
· la próxima vez acercarme a este hombrecillo,
· salir de mi refugio, mi balcón
· y bajar; dejar de quebrantarme
· la cabeza y hacerle todas esas preguntas.
· Y la más importante: es feliz?
·
Yo le deseo los mejores parabienes, que tenga
dónde dormir,
dónde comer,
dónde descansar.
Eso y nada más le deseo a este gran pequeño hombre.
Ah! Y que nunca desista
de tocar esa melodía sin nombre,
una melodía que ahora es mía.











Comentarios
Publicar un comentario