CUARENTEANDO, LLEGO A LOBOS, MI CASA - Paula Pilar Picón
ONG NAMO GURU DEV NAMO …. Es el mantra con el que inicia la meditación de estos días. Es un sonido que invoca a nuestro maestro interior. La propuesta es encontrar dentro de nosotros mismos esa guía, esas respuestas, esa seguridad que muchas veces estamos buscando fuera. ¿Cómo? Prestando atención a nuestra respiración. Algo que parece simple, pero sigue siendo para mi todo un reto. Lo hago bien al principio por unos minutos, pero al rato ya me desvío y comienzo a pensar en cualquier cosa. Duran sólo 30 minutos, o sea, el 2% del total de horas que tiene el día. Ese análisis me genera un poco de culpa. ¿Cómo puede ser que no pueda parar de pensar sólo en este espacio de tiempo? En fin, sigo intentando. Lo interesante es que en cada meditación me voy a pensamientos diferentes.
Hoy, por ejemplo, me imaginé viajando por la ruta y llegué a Lobos, mi pueblo. Me di cuenta porque vi el cartel de la entrada, ese que tantas veces me recibió. Esa imagen que significa “bienvenida a casa”. Muchas veces me fui y siempre volví. Algunas fueron después de meses y hasta años. No he vuelto ahora hace ya 8 meses, por la pandemia y se está haciendo eterno. Lo extraño es que llegué a una casa diferente. No era la de mis papás. Entré por el bulevar como siempre, iba en auto y luego de pasar el primer semáforo, giré a la izquierda, hice varios zigzags y me detuve antes de llegar al centro. Estacioné frente a una chiquita casa de pueblo. En el frente sólo se ve una puerta pequeña de madera y al costado una ventana. Pero al entrar… es un lugar simple pero acogedor. A mi derecha hay varios cuartos estrechos, unos tras otros comunicados por un pasillo largo que los va uniendo. Los primeros ambientes están oscuros, pero al final aparece mucha luz que entraba por la puerta de la cocina. Completamente pintada de blanco, con toques azul claro, se ve como mediterránea y me encanta, me invita al descanso. Las paredes picadas dejan ver la piedra natural que hay debajo y las cortinas livianas desde el techo hasta el piso vuelan al abrir puertas y dejar entrar el aire. Se sacude polvo por todos lados, se ve que hacía rato que nadie iba. Reconozco algunos objetos de mis viajes, como el jarrón de Marruecos y unas bandejas de México. También colgados en la pared mis cuadros, esos que pinté de chica. ¿es mi casa? También está el escritorio que me regalaron los abuelos para los 15 y hay muchos portarretratos con fotos de toda mi gente. ¡Si, es mi lugar!
El silencio del audio se interrumpe, el guía de la meditación nos pide que escuchemos y repitamos un mantra. Se pone más difícil la concentración, pero es alegre y me da seguridad. Entonces sigo conectando con mi pueblo, mi casa, y ese lugar dónde quiero siempre volver, aunque por temporadas. En Julio para festejar el día del amigo y disfrutar charlas alrededor de vino y picadas. En verano, para ir a las piletas y descansar en la hamaca que está en el jardín, ir a tomar sol a la quinta de los abuelos. En octubre, para festejar el día de la madre comiendo un rico lemon pie y al final del mes celebrar con todos mi cumpleaños, con un asado. Me veo en esa cocina tan luminosa con vista al jardincito preparando mate con miel que papá me trajo del campo. Tengo facturas y sandwichitos de miga que fui temprano a comprar a la panadería. Me veo pintando y mosaiqueando partes de la casa, para dejarle aún más mi sello. Me veo también cambiándome para salir de noche a cenar una pizza y empanadas con mis mejores amigas. Me veo a la tardecita, cuando bajó el sol, caminando al negocio de mis papás. Me veo en esa casa haciendo lo que siempre hice cuando era chica. Pero ahora me veo diferente. Estoy tranquila y feliz. Disfrutando.
SAT NAM … repetimos 3 veces y termina la meditación. “divinidad superior, es el poder de Dios. Es un mantra que nos invita a tener la experiencia de nuestra propia consciencia. Nos recuerda nuestra identidad verdadera y que somos un infinito contenido en algo finito, nuestro cuerpo” *.
21 de junio de 2020 – Sao Paulo, Brasil
* Rama escuela Kudalini Yoga.











Comentarios
Publicar un comentario