ALCIANA, EL HADA DE LOS BOSQUES: CARMEN - Fabiola Sánchez Palacios
Carmen estaba asustada porque había perdido el camino y estaba sola. Todo por ganarse unos pesos más para arreglar su coche y ayudar a mantener a su familia. Sin embargo, ese día, ni eso le había salido bien. Nadie de sus amigos sabía que después de una dura semana de trabajo en la oficina, los sábados y domingos, llenaba la cajuela de su viejo Dodge Dart 1981 de seis cilindros con mercancía robada y emprendía el camino de la ruta de los balnearios. A veces iba a Morelos, otras viajaban a Hidalgo. Cuando se acercaba alguna temporada vacacional alta llegaba hasta la playa más cercana a la ciudad.
La tarea era relativamente fácil: ir a comprar mercancía, producto de algún asalto, al tráiler indicado y después vender.
Ese día había sido pésimo, no vendió nada. No había sacado ni para los gastos del viaje. Como ya no traía nada más que un billete de cincuenta pesos quiso ahorrarse el gasto de de las casetas y tomó por un camino desconocido que algún lugareño le aseguró la llevaría de regreso a la ciudad de México sin tener que pagar nada.
Yo creo que ahora si me quise pasar de lista y me pasé de pendeja ¿Dónde andaré? Y para colmo ya no traigo nada más que la reserva de gasolina y ya va a llover. Además, tengo hambre. Ni siquiera traje algo para comer, pues calculaba las enormes ganancias con las que regresaría, pero ni modo, de tripas corazón, al fin que no es la primera vez en que tengo que decidir entre cambiar una llanta del auto y comer.
Carmen buscó una solución práctica e inmediata a sus problemas:
En último de los casos, si no encuentro un poblado cerca o no doy con el camino, mejor me orillo, cierro bien el coche, prendo mis intermitentes y espero a que amanezca para continuar ¿Pero en qué estaba pensando? No cabe duda de que en mi cabeza la posibilidad de fracaso no existe. Ya ni siquiera me queda el cuarto de gasolina para colmo ya se soltó el aguacero.
Cuando estaba a punto de orillar su auto bajo las ramas de un ciprés, vio con horror como caía un rayo frente a sus ojos y cercenaba una rama. El estruendo y la luz la hicieron estremecerse.
¡Ay cabrón! ¡En la madre!
La iluminación hizo que a lo lejos distinguiera a una anciana caminando hacia su auto, llevaba una enorme carga de leña sobre sus hombros y estaba empapada.
¡Pobre mujer, es una viejita! Pero ¿y si es una trampa? y detrás de ella vienen los secuestradores. ¡En fin, qué pueden robarme además de mi carcacha! ¿Y si es un fantasma?
Antes de que pudiera pensar algo más, la anciana estaba tocando la ventana del auto.
Ni modo, no voy a abandonar a esta pobre viejita.
— ¡Suba!
— ¿Qué hago con mi leña?
— Espere voy a bajar para echarla a la cajuela— Rápidamente Carmen bajó por la puerta izquierda del auto y lo rodeó, mientras decía: ¡suba! ¡suba! No siga mojándose— Cuando Carmen intentó levantar la leña recordó aquella ocasión en que quiso cortar una varita de un sauce para jugar a las espadas y su abuela le dijo: No se toca un árbol sin pedirle permiso, para que te de una sola de sus astillas le tienes que decir: “anciana del bosque dame tu madera que yo te daré la mía cuando sea árbol”
— Muchas gracias— dijo la viejita.
— Pero señora, ¿qué hace usted sola y en medio de este aguacero?
— Iba con mi carga de leña para mi casa, pero me agarró el agua. Mire lo que provoqué, ya hice que se mojara, estoy muy apenada con usted, no debí ser tan imprudente, debí dejar la leña tirada en el camino.
— No se preocupe, yo la llevo a su casa, aunque espero que no sea muy lejos porque ya traigo muy poca gasolina y estoy perdida.
— Ay, señorita que pena que la voy a molestar otra vez, pero mire, si quiere nada más orílleme cerca de mi casa y yo llego sola.
— ¡Cómo cree! — Dijo Carmen al tiempo que echaba a andar el auto.
— ¿Cómo se llama señora?
— Mi nombre es muy feo, mejor llámeme abuela.
— ¿Y por dónde vive, abuela?
— Tome por aquella brecha, por el camino de los sauces llorones, no es muy lejos.
— A la que ya le dan ganas de llorar es a mí.
— ¿Por qué señorita?
— Porque no vendí nada.
— ¿Qué vende?
— Bloqueadores solares
— ¿Qué es eso?
— Son cremas para que el sol no nos haga daño.
— Ja ja ja que risa. En mis tiempos el sol no hacía daño, porque nosotros lo respetábamos y lo honrábamos, cantábamos para que saliera y le dábamos ofrendas. Dios dio los árboles a los hombres antes de su nacimiento para que los hombres se comunicarán con él. Los árboles ya habían nacido cuando el primer hombre pudo levantar la cabeza y darse cuenta… ¡Pero está usted triste y preocupada!
— ¿Cómo lo sabe?
— Lo noto. Soy vieja y distingo perfectamente cuando hay un velo de llanto en los ojos de un ser humano. Se leer cuando cambian de brillo y es muy claro a qué luz corresponde cada pensamiento. ¿Para qué quería el dinero de su venta?
— Para completar y cambiar mi coche. ¿Sabe? es de seis cilindros y gasta mucha gasolina. Ha sido un auto excelente, pero es tan viejo que a cada rato tengo que invertir en llantas y composturas y luego con la vida que le doy los fines de semana pues ya me lo acabé.
— Aquella choza es su casa y quiero que pase a secarse, y acepte un plato de sopa caliente, no puedo darle nada más porque soy pobre.
— No señora, no es necesario que se moleste.
— Usted tiene problemas para recibir. Por eso no progresa, porque lo único que sabe es dar. No acepto negativas. Venga a mi casa, tomaremos sopa caliente de cebada, una taza de té de jengibre y dulce de tapioca.
Cuando la mujer abrió la puerta Carmen se sorprendió de la limpieza y el orden de la pequeñísima casa. Aunque no era lujosa, estaba en perfecta armonía con mantelitos y loza incluidos. Los muebles todos de de madera. Se antojaba dormir en la camita y la cocina se veía impecable
Carmen entró al baño y se dio cuenta de que, aunque era muy rústico, el inodoro tenía un sistema de agua que se vertía desde un despachador enganchado a una cadena. Tenía una tina de madera para bañarse. De repente sonrió y pensó: Esta casa es lo más parecido a aquella del cuento de Ricitos de Oro. Salió del baño y vio que la estufa y el calentador funcionaban con leña. La señora ya tenía dispuesto el te, la sopa caliente y el dulce de tapioca.
Carmen se sentó a la mesa y comió la sopa con una cuchara de madera.
— ¡Que sabrosa! Nunca pensé que la sopa de cebada fuera tan buena. ¿O será el hambre?
— Toma un poco de te de jengibre. Sirve para la tristeza, la tapioca en dulce te permitirá recordar los momentos en que fuiste feliz durante tu infancia. Siempre que la luna negra oscurezca tu corazón come estos tres alimentos y busca aquellos momentos de los que no hay dos.
— Ya me siento mejor pero ahora tengo mucho sueño.
— Acuéstate en mi cama y duerme con confianza.
— Pero no puedo pasar la noche aquí, ¿usted dónde dormirá?
— Tú no te preocupes sólo dormirás por un rato, además los viejos ya ni dormimos.
Apenas se recostó en la cama, Carmen entró en un sueño profundo.
Al amanecer despertó y miró a la señora sentada a su lado.
— ¿Qué tal dormiste muchacha?
— Bien, muchas gracias. ¡Pero qué pena, ya la hice pasar muy mala noche!, no pensaba quedarme aquí. Quisiera darle algo a cambio de su hospitalidad.
— Ya me lo disté, me hiciste el favor de traernos a mí y a mi leña.
Carmen buscó su cartera y se dio cuenta de que sólo traía su billete. Antes de que pudiera sacarlo, la anciana dijo:
— No gastes ese billete, quizá lo necesites pronto, de aquí a la ciudad no será necesario que gastes un solo centavo. Vete y cuídate mucho. Yo te doy mis bendiciones por tu bondad.
Carmen subió a su auto y tomó la brecha indicada. Efectivamente no gastó un centavo.
Parecía como si hubiera atravesado una puerta detrás de la cual se encontraba la Ciudad de México y el camino más corto a su casa. Llegó a su casa, se ducho, se puso la ropa que llevaba casi todos los lunes y se sintió extrañamente feliz.
Al entrar a su oficina, saludó a Manuelito, su vecino de escritorio quien como todos los lunes le preguntó: ¿Qué tal su fin de semana, compañerita?
—Bien, Manuelito, ¿me presta su Segunda Mano?
— No compré el Segunda Mano, pero le presto El aviso oportuno.
Del libro: Cuentos de hadas para burócratas aburridos










Está lindo!!
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