UN PASEO POR LOS TIANGUIS DE VIEJO - Marichoni
No siempre, no todo.
De viejo, de chácharas, de antigüedades, de desechos, de inservibles, ¿de qué más? dirían los jóvenes, los modernos, los tecnológicos, los admiradores de lo novedoso…
No puedo dejar de visitarlos, de recorrerlos pasillo a pasillo.
No siempre tengo intención de comprar algo, a veces en el bolsillo no hay centavos para distraerlos de lo necesario y aunque poco, hay que tener algo contante y sonante.
Entonces ¿cuánto me cuesta el paseo? A veces, unas cuantas monedas para el parquímetro, otras, unos pesos de gasolina porque me estaciono en la calle.
Como me resulta tan barato el paseo, me animo y me lanzó a la aventura de chacharear en busca del tiempo. Veo las mil y una cosas de antaño que alguien sacó de su vida para que otros las viéramos, por ello me siento emocionada y con una sensación de sorpresa, esperando lo inesperado. Encuentro objetos que por estar allí me invitan a dialogar con ellos, con ese arte hecho para quedarse, con esos objetos elaborados con amor porque no son desechables y no ha terminado su vida, alguien la prolongó hasta que yo los encontrara. Pero, para localizarlos, necesito ir con los ojos bien abiertos y con mucha paciencia, porque se hallan amontonados, sin ningún orden ni asomo de clasificación, tengo que tener una mirada descubridora.
Y ¿qué encuentro?...
Un platito que me remonta a algún país de Europa y que tuvo una actividad en su época y que ahora, por alguna razón, lo mandaron a descansar, pero… resulta que yo lo encuentro todavía útil y le devuelvo vida… un reloj de péndulo al que imagino completando la pequeñísima colección de tres o cuatro que tengo en mi casa, tratando de olvidar los que un día, alguien con muy mala intención, me robo causándome un gran dolor que todavía perdura… Su tic tac constante altera el sueño de mis hijos, en contraste con la música que para mí representa su sonoridad, hecha por cada uno a destiempo, sin que se pongan de acuerdo, porque ninguno cree que tiene que marcar la hora, fueron construidos para ser disfrutados, ya que para saber la hora existen los relojes digitales y los de pilas, que no fallan o, en última instancia, llamar al 030, la hora exacta.
Muebles con artísticos detalles, poco ecológicos porque son de madera verdadera. Vajillas que adornan la comida y que, para mi gusto, la hacen más sabrosa, por servirla en esas bellezas. Candiles que, por refracción, proyectan múltiples colores, también muy poco ecológicos, con demasiados focos no ahorradores.
Lo que encuentro y adquiero en esos mercados realmente son cosas inútiles que no sirven para acrecentar el curriculum vitae de nadie y mucho menos para conseguir incrementar la cuenta bancaria. Objetos que alguien desechó por caducos, por viejos, por inservibles y que otros, como yo, vamos recogiendo en busca del tiempo en el que se supone que se ponía el corazón en la obra, tratando de alcanzar la historia, hablando del pasado en el presente…
Nosotros, los que perseguimos semejantes objetos, nos preguntamos ¿qué historia guardarán en su existencia? ¿Con quién hablan cuando están sobre la banqueta, cuándo alguien las levanta y pregunta por ellas? ¿Qué diálogo establecen en la calle en que las colocan?... La tecnología, que resuelve la vida, no les contesta…
Pero recorrer los tianguis de viejo es también una clase de arte: ¿es óleo? no, es esmalte, ¿Es grabado? ¿Es Bohemia? ¿Es checo? no, es francés, ¿Es porcelana? ¿Es cerámica? ¿Es metal repujado?…
Cuando camino por esos lugares, encuentro tiempo, recuerdos, vivencias de otras épocas, mías y de ellos mismos, me hablan como actores y como autores, me divierten, me acompañan, me enseñan, y además de todo esto, responden a las costumbres de mis padres que cada domingo, después de ir a Misa, se iban a la Lagunilla a ver qué encontraban, sin tener un objetivo, esperando siempre lo inesperado, como yo lo hago ahora.
MARICHONI










Excelente texto, muy bien escrito, muy descriptivo y nos transporta a los amantes de los tianguis al mundo inesperado, de lo desconocido y conocido, es ir a buscar lo desconocido, lo inimaginable y en casos encontrar el tesoro esperado o inesperado. Yo tengo un dicho que dice "Lo que para mí es común y corriente, para otra persona es incomparable y único".
ResponderBorrarFelicidades por Tu Aporte Marichoni.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrarMe hiciste volar con el pensamiento a La Lagunilla y otros tianguis que me gusta recorrer los fines de semana por los rumbos de Portales y Apatlaco.
ResponderBorrarEsperamos pronto poder viajar por las calles y banquetas llenas de tesoros para unos e insignificantes para otros, pero siempre de los siempres salimos con alguna o algunas cosas que nos llenaron los ojos y los conseguimos con ilusión y algunas ocasiones a precios irrisorios.
Gracias Marichoni por este texto.
Me hiciste volar con el pensamiento a La Lagunilla y otros tianguis que me gusta recorrer los fines de semana por los rumbos de Portales y Apatlaco.
ResponderBorrarEsperamos pronto poder viajar por las calles y banquetas llenas de tesoros para unos e insignificantes para otros, pero siempre de los siempres salimos con alguna o algunas cosas que nos llenaron los ojos y los conseguimos con ilusión y algunas ocasiones a precios irrisorios.
Gracias Marichoni por este texto.