UN NUEVO LUNES DE CUARENTENA - Roberto Saint Martin


Es lunes y ya necesito relajarme para iniciar la semana. 

Se me antoja comenzar la mañana con Enya e iniciar así mi día de cuarentena. 

Ya hice ejercicio, me bañé, desayuné y preparé el café. 
Me siento frente al escritorio y enciendo mi computadora, respiro.

Sheperd Moons, le doy play en Spotify.
Mi piel responde de inmediato,
Los vellos de los brazos se erizan y me recorre un calor que me transporta a mi infancia.

Me veo haciendo figuras geométricas, tetraedros, cubos, dodecaedros, icosaedros y prismas.
Estoy dibujando cien decímetros cuadrados en una cartulina de un metro por un metro.
Construyo figuras con esos cuerpos geométricos.

Caribbean Blue llega y respiro más hondo como si estuviera haciendo una flexión en el que mis manos tocaran la punta de los dedos de mi pie. Es el mismo estiramiento que recuerdo cuando estiraba mis manos hasta el borde de la cartulina que se extendía al lado opuesto de la mesa del comedor, estiraba los brazos al máximo para seguir los trazos de la regla, las escuadras y las marcas con el lápiz. 
El tiempo se iba consumiendo al ritmo de las canciones de Enya. A veces se terminaba el disco y me quedaba en silencio algún tiempo, quizá inclusive horas, absorto en mi mente, antes de notar el vacío y colocar otro disco. 

Hoy tengo 36 años, ya en un mes 37; en aquellos momentos, quizá apenas 10, hace ya más de 26 años atrás.
Hoy, a diferencia de ayer, alargo mis brazos hasta un termo de agua fresca en mi escritorio y sorbo de ella antes de comenzar mi jornada. Respiro hondo, tan hondo como puedo, para tomar fuerza y valentía para mirar el día.
En 26 años, muchos discos me han acompañado; Era, Mecano, Madredeus, … en décadas más recientes Buika, Philip Glass, Jon Hopkins, …, y si las cosas están muy graves Grace de Snatam Kaur, para casos realmente de emergencia entonces Sea de Mercedes Sosa.

En algún punto descubrí que me concentro mejor cuando llega el silencio. Hoy sin embargo, sentí necesidad de cubrirme en el inicio del día, con una manta de colores, esta vez tejida por música.

Ya me espera mi mapa mental de la semana en el monitor, mi Mind Manager, para trazar en él los pequeños logros y los siguientes retos; entender cuáles debo hacer en esta hora y cuáles debo delegar o hacer durante el día o en la semana.
Tomo cada cierto tiempo un  sorbo de agua, su ritmo es el de una brazada lenta de mi cuerpo flotando en un lago del que fuera apreciando el fondo con un snorkel; como si cada trago fuera un respiro que ahogara alguna pena; como si fuera remedio para refrescar la mente acalorada; un paso que limpiara con un trapo imaginario la nitidez del día. 
Con cada bocanada de agua imagino que estirara yo los brazos lo más largo posible, para tomar así los remos con fuerza y con toda resistencia remar empujando el barco de mis responsabilidades. 

How Can I Keep for Singing comienza y marca la hora de iniciar mi día en silencio. Detengo la música.
Me subo sobre la mesa del escritorio y me arrojo de un sólo salto, cual clavadista, sobre la alberca de mi jornada. 

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