SER MUJER EN MÉXICO - Nathán Grinberg-Zylberbaum
no es un buen negocio.
No es que sea algo
raro,
mas bien es algo
común y corriente,
pero es como tirar una
moneda al aire,
cara es hombre (por
suerte),
o cruz (la que va a
cargar toda la vida),
ser mujer.
Y ser mujer en México
es como decir: leprosa,
cerda, loca,
harapienta,
apestosa, ladrona,
asesina,
mendiga, méndiga,
puta,
sucia, perra
y todo lo despreciable
que se le pueda ocurrir
a alguien pensar
o decir de otro;
a alguien por cierto
con poco
o nulo criterio y sin
sentido común;
bicho
desgraciadamente
muy común y muy
corriente,
tan común que
equivale
nada más y nada
menos
que a cerca del
cincuenta por ciento
de las personas .
Ser mujer en México
es ser una apestada,
es vivir en la zozobra,
es tener que ponerse
un cinturón de
seguridad
todavía no inventado.
de lo fuerte que tiene
que ser.
Ser mujer en México
es vivir a resguardo,
es tener que construir
una trinchera
suficientemente
amplia y profunda
con tal de no ser
detectada.
Es tener dolor
constante por la
certeza
de que hay alguien
que le sigue los pasos,
es tener que subir el
Everest
sin equipamiento;
es limpiar, limpiar y
limpiar.
y nunca terminar.
Es tener que pedir
permiso
para salir, entrar, subir
o bajar.
Ellos, los machos
se desquitan con ellas
a golpes, porrazos,
gritos y majaderías.
Eso y más es lo que
puede esperar
una mujer por ser
mujer en México.
No, no es buen
negocio
ser una mujer en
México.
Desde tiempos
inmemorables
ser mujer ha sido y lo
seguirá siendo
una desgracia pero es
peor
si se es una mujer en
México.
Ser una mujer en
México
es estar confinada a la
desgracia,
al abandono, a la
tristeza
al dolor, a las pérdidas;
a tener que
esconderse,
a pasar desapercibida,
a ser malquerida,
a haber nacido del
lado equivocado.
Sin embargo, ser una
mujer, incluso en
México es lo más bello,
sublime, deseable,
perfecto,
indestructible,
grandioso,
elevado como el vuelo
de un águila;
fuerte, potente,
tolerante, capaz;
agraciada, preciosa,
necesaria,
indispensable;
feroz cuando es
necesario,
amorosa siempre,
con el hombro puesto
a tu disposición
para enjugar tus
lágrimas.
Pero es más todavía:
es discreta, dadivosa,
cuidadosa,
perfecta, hermosa
como un atardecer
en la playa; leal,
graciosa, bella y suave
como un pétalo
perfumado;
llena de bondad
y mucho mejor que su
contraparte.
Ardiente en sus deseos
como el sol que
quema.
Todo eso y más
significa
ser una mujer
también en México.
Entonces ¿qué le
queda a la mujer
en México?
La mujer en México
tiene sólo dos
opciones:
o seguir dejándose
ningunear
recibiendo palizas,
groserías, ofensas
y vituperios, o
unirse a gritar muy
fuerte,
a todo pulmón,
con todo el corazón
y la fuerza de la
fraternidad,
del amor a la verdad y
la justicia,
gritando a todo
pulmón,
mil y un millón de
veces,
hasta ser escuchada:
¡ El violador eres tú!










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